DECLARACIÓN DE DERECHOS

 



DECLARACIÓN DE DERECHOS 

 

 

 

La infancia es la edad que no perdona nunca. Hoy me sobrepasan los años en que perdí mi nombre. No comienzo con un perdón ni con un gesto grato; al contrario, me permito la furia de los días perdidos, la expresión que mordí por tanto tiempo y agredió mi cuello en forma de tristeza. 

Esta es la bitácora de mi vida en las mazmorras, el agudo dolor de darme cuenta de cuán honda ha sido la mentira: eco de espejos repetidos: recreación de la herida primordial.

Padres: quiero decirles que hoy renuncio a la maldición genética que me heredaron, que hoy inicio el camino de regreso y proclamo que no se alimenten más de mí sus gusanos sueños, porque hoy me entero de que mi rostro no me pertenece, la mía es la identidad de un niño que utiliza máscaras: las de los héroes de la infamia: mamá y papá.

Hoy descubro que son ustedes los que me conducen mientras sufro. No soy yo (nunca he sido, ni he sabido serlo) Fui víctima de la peor de las violaciones: la de no permitirme ser yo mismo. Jamás confiaron en mi belleza original. Temieron que acabara en monstruo y al final en eso terminé por convertirme, porque no hay más monstruo que el niño que nace adulto y ese fue siempre su fatal orgullo: que me convirtiera en el formal caballero —inteligente y educado— que nublaba sus carencias.

Me avergonzaron de mi edad y mi inocencia, me obligaron a hacerme cargo de sus fracasos, depositaron en mí las migajas de sus sueños.

Nunca pude simplemente ser. Me convirtieron en la extensión de sus temores. Plenos de ignorancia — que no de maldad— no supieron orientarme. «El niño es un esclavo que muere sin haber crecido» Hoy sé que soy el niño herido de la edad adulta que acumula rabia, vergüenza y miedo. Hoy descubro que modelar una sonrisa no me cura el rostro porque soy ustedes cuando reniego de la vida. 

Soy tú, papá, cuando maldigo a Dios. Soy tú, mamá, cuando permito que me aplasten (mi vida no me pertenece) ¿Cómo saber lo que busco si nunca he sabido qué es eso de ser yo mismo libre de sus miedos?

Hoy me proclamo profeta de mí mismo y abandono el hogar que nunca tuve para buscar la síntesis de la vida: La alegría del niño que nunca fui. Me marcho a explorar el alma pues es tan vasta que hay muchos de sus rincones que no conozco.     

La sospecha se hizo cierta cuando vi que me enamoraba de los enfermos, los lunáticos, los asesinos y las bestias. El niño anciano que no podía crecer entre los gritos y las constantes decepciones fui.

Me colmé a la fuerza de confusión, engaños y mentiras. Y es que hubo un tiempo en que creí dulces las historias que narraban, tanto que crecí avergonzado de ser yo mismo. Intenté ser otro y encontré sagrado mi dolor. No estaba dispuesto a perder su cariño por aferrarme a ser quien era. Por eso hoy, desde la silla de mi vergüenza y culpa les devuelvo nombre y apellido, vacío mi armario y me despido.

Padre: tú que me hiciste el rostro y las heridas, tú que me hiciste de cenizas, que nunca me alentaste a ser de fuego, tú que con tu historia confeccionaste mi traje de verdugo.             

Padre: niño herido padre esclavo padre enano. Hoy pago tus pecados —purgo tu condena, ocupo tu puesto en la cámara de gases. Acusado y encontrado culpable de violencia y abandono. Sé que me vigilas, padre buitre merodeador, sé que quieres colocar alfileres a las mariposas muertas de mi alma. ¿Acaso renegaste de mi vida? ¿Tanto que hiciste lo posible porque no creciera?

Padre: ayer tu rol de sabio me quedaba grande, pero hoy tu situación de larva me queda corta. 

Madre: tú que me engordaste con los gusanos de la vergüenza, que me abandonaste sin pelear por mí y me culpaste de no cuidarte; me llevaste de la mano a las botellas para ahogar mi vergüenza y culpa. Hoy te devuelvo intacto el cordón umbilical, no lo necesito más, no es mío, no me pertenece, es tóxico, no lo quiero, te juro que no lo quiero. 

Hoy, padres míos, súbanse a una silla y bésenme la frente. Aléjense de mi vida a descansar de sus errores. Yo aquí me bajo, aquí me quedo, aquí comienzo el vuelo sin llevarme el nido. Los veré después.            

 

 

 

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