Plaza Kamasutra
Cuando ya no me quedaron más palabras que decir le ofrecí el silencio.
Mi corazón de ceniza y polvo ascendió por sus piernas
y se enredó a la altura de sus caderas;
allí empuñé su nombre y me fui directo hacia el perfecto límite
de su vientre. Me hundí sin miedo entre los pliegues de su ternura
y su belleza donde cada noche su jardín suspira promesas frescas y silenciosas.
Me paseé desnudo por la plaza ubicada entre sus piernas,
domicilio conocido: el lugar más espléndido del mundo.
Y de esa forma la realidad volvió a su naturaleza informe.
El cielo se descubrió entonces como el reflejo de un desnudo mar en celo.
Cabalgué las olas de su nombre y sus otros labios.
Bebí ternura de la dulce piel de sus misterios más oscuros.
Me hice de agua en lo más profundo de sus secretos donde los ángeles
se despojan de las alas y los jardines danzan para celebrar la potestad del fuego,
el jardín de los anhelos postergados.



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