YO SÍ FUI AL HILTON
Días antes de su cumpleaños le sugerí a mi chica que para celebrar nos encerráramos todo el día en el Hilton. Nomás me dio el avión —como siempre— Le dije: reserva ahora mismo y el día de tu cumpleaños la pasaremos desnudos y borrachos, con un poco de suerte también drogados.
— ¿Por qué en el Hilton? Preguntó
— La piscina del Hilton es el mejor bar de la ciudad cariño, le respondí.
Ni siquiera era tan caro, pero me dio el avión —como siempre— porque ya tenía otros planes —como siempre—. Ella quería ir a celebrar con sus amigos a un bar sin alma, como si fuéramos del montón. Yo me corté de inmediato de sus planes —como siempre—. Con lo que ella no contaba era con que ese día habría Ley Seca en la ciudad y los bares estarían cerrados. No hubo bar de fresas, ni festejos. Ese día mi chica se bebió dos cervezas de lata que tenía guardadas en la nevera y estuvo trabajando en casa como cualquier día normal.
Yo sí fui al Hilton y me emborraché con un par de prostitutas:
como siempre, pues.



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